Monseñor José Ignacio Munilla ha oficiado este fin de semana dos Misas con motivo de la festividad de San Ignacio de Loyola, patrón de Guipúzcoa. El 31 de julio celebró la Eucaristía en la parroquia de San Sebastián de Soreasu, en Azpeitia, localidad que goza del patronazgo del santo desde hace cuatrocientos años. La Misa del domingo 1 de agosto tuvo lugar en la Basílica de San Ignacio de Loyola, con la participación de los superiores jesuitas y las autoridades vascas. En ambos actos eclesiales, el obispo presentó a San Ignacio como modelo de perseverancia ante la incomprensión y de coherencia con el mensaje evangélico en una sociedad propensa a “descafeinar” el hecho religioso.
En la homilía de la Misa celebrada el domingo, Monseñor Munilla señaló que San Ignacio, que con el tiempo fue venerado y hoy es patrono de Guipúzcoa, sufrió en su momento grandes incomprensiones por parte de cuantos le conocían, incluida su propia familia. Sus planteamientos religiosos eran considerados como excesivamente radicales, y esto no era bien visto por sus contemporáneos. Por eso el prelado donostiarra considera que el ejemplo de San Ignacio es absolutamente necesario en nuestros días, en los que “existe una marcada tendencia colectiva a «domesticar» y rebajar el hecho religioso, a «descafeinar» la fuerza del Evangelio, a reducirlo a una serie de valores comúnmente consensuados, arrinconando todo aquello que presente contrastes excesivos”.
Monseñor Munilla afirmó que la sociedad en que vivimos, marcada por sus raíces cristianas, reconoce mayoritariamente la práctica religiosa como algo muy positivo y favorable para la persona, siempre y cuando no se salga de los cánones que entran dentro de lo “políticamente correcto”. Por eso, cualquier intento de coherencia con el mensaje evangélico, cualquier esfuerzo por vivirlo de un modo comprometido y exigente, son tachados como radicales, fundamentalistas o extremistas.
En este ambiente generalizado, explicó Munilla en su homilía de la Misa oficiada el sábado en Azpeitia, el modelo de San Ignacio nos invita a poner por encima de todo la búsqueda de Dios y de la santidad, entregando al Señor nuestra voluntad, incluso aunque esto implique salirse de lo socialmente establecido. “El camino y el carisma de San Ignacio nos enseñan que solamente podemos ser santos, solamente podemos ser felices, cuando estamos en disposición de afirmar con sencillez y con plena confianza que queremos únicamente lo que Dios quiera”, afirmó el obispo. Así, poniendo por encima de todo el deseo de cumplir la voluntad de Dios, lograremos evitar la tentación de crear un Dios a nuestra medida y una religión a la carta.
No obstante, Monseñor José Ignacio Munilla recordó también en la homilía del domingo que, junto al celo apostólico y el amor a la verdad, San Ignacio de Loyola mantuvo siempre una gran tolerancia y caridad hacia los que viven en el error. En esto fue también ejemplo para los católicos de nuestros días. Asimismo, el prelado quiso mencionar la importancia de la obra educativa de San Ignacio que, mediante la integración del rigor académico y la esperanza cristiana, es un excelente modelo para superar el fracaso escolar que actualmente sufre nuestra sociedad.
















