08-Febrero-2012
Inicio Religión Benedicto XVI en Chipre llama a la unidad de los cristianos y al diálogo con el Islam

Benedicto XVI en Chipre llama a la unidad de los cristianos y al diálogo con el Islam



E-mail Imprimir PDF
Usar puntuación: / 80%
MaloBueno 
El Santo Padre Benedicto XVI ha realizado entre el 4 y el 6 de junio el primer viaje de un Papa católico a la isla de Chipre, “siguiendo las huellas de los santos Pablo y Bernabé”. Inició su visita presentándose “como peregrino y siervo de los siervos de Dios” en el discurso que pronunció a su llegada, en el aeropuerto de Paphos. Durante los tres días de su estancia en la isla, ha insistido especialmente en la unidad entre los cristianos, el diálogo interreligioso y la paz en Oriente Medio.

Tras ser recibido en el aeropuerto de Paphos por el presidente de la República de Chipre, Demetris Christofias, el Patriarca Ortodoxo de Chipre, Crisóstomo II, y los patriarcas y obispos católicos de Oriente Medio, el Santo Padre se dirigió a la iglesia de Agia Kiriaki Chrysopolitissa de Paphos, también conocida como iglesia de la Columna de San Pablo, para celebrar un acto ecuménico. En esta ocasión, Benedicto XVI afirmó que “la unidad de todos los discípulos de Cristo es un don que hay que implorar del Padre”, y recordó que “el Señor rezó por la santidad y la unidad de sus discípulos precisamente para que el mundo crea”. Fue también el momento de resaltar el importante papel que desempeña la Iglesia de Chipre en el proceso de reconciliación, como puente entre Oriente y Occidente, y de hacer referencia a los fuertes lazos de colaboración que existen entre las Iglesias Católica y Ortodoxa de la isla.

El sábado 5 de junio el Santo Padre pronunció unas palabras ante las autoridades civiles y el Cuerpo diplomático chipriota en el jardín del Palacio Presidencial de Nicosia, y a continuación mantuvo un encuentro con la comunidad católica de Chipre en la escuela de San Marón. Pidió a los católicos de la isla que se centrasen en “la búsqueda de una mayor unidad en la caridad con los demás cristianos y el diálogo con quienes no son cristianos”, y les instó a ayudar “a crear esa confianza mutua entre cristianos y no cristianos como base para la consolidación de la paz duradera”.

Benedicto XVI tuvo también la ocasión de reunirse con Crisóstomo II y el Santo Sínodo, órgano de gobierno de la Iglesia ortodoxa chipriota, en la catedral de San Juan, en Nicosia. En su discurso, el Santo Padre agradeció a Crisóstomo II su acogida y “el apoyo que la Iglesia de Chipre, a través de la claridad y la apertura de sus aportaciones, siempre ha dado a la labor del diálogo”. Precisamente Crisóstomo II es uno de los grandes defensores del ecumenismo, pero no todos los obispos ortodoxos chipriotas muestran la misma apertura a la unidad de los cristianos. Los que se oponen son una minoría, tan sólo cinco de los diecisiete miembros del Santo Sínodo, pero quisieron dejar clara su postura ausentándose de la comida que el Patriarca Ortodoxo ofreció a Benedicto XVI.

No todo han sido encuentros con miembros de la Iglesia Ortodoxa durante esta visita del Papa a Chipre. El 18% de la población de esta isla es musulmana, y por eso, aunque en principio no estaba previsto, Benedicto XVI encontró también un momento para saludar a una de las principales personalidades islámicas chipriotas, el líder sufí Mohammed Nazim Abil Al-Haqqani. No se presentó a la cita, en cambio, la máxima autoridad musulmana, el Gran Muftí Yusuf Suicmez, que ni siquiera avisó al Vaticano de que no acudiría y enviaría a otra persona en su lugar. Pero la breve reunión con Al-Haqqani se desarrolló en un clima amistoso y de gran respeto entre ambos líderes religiosos. El jeque regaló al Papa un bastón y una placa en la que estaba escrita la palabra "paz" en árabe, y le pidió que rezara por él. El Santo Padre le respondió que lo haría, y a su vez le pidió a Al-Haqqani que también rezase por él.

En la Santa Misa que celebró con la comunidad católica de Chipre en la iglesia de la Santa Cruz de Nicosia en la tarde del sábado, Benedicto XVI presentó la Cruz como símbolo del triunfo de Dios sobre el mal del mundo. “Por eso”, dijo, “el mundo necesita la Cruz”. “Ella habla de la esperanza, habla de amor, habla de la victoria de la no violencia sobre la opresión, habla de que Dios eleva a los humildes, da fuerza a los débiles, vence la división, y supera el odio con el amor. Un mundo sin la Cruz sería un mundo sin esperanza”.

El domingo, el Santo Padre celebró la Santa Misa en el Palacio de los Deportes Eleftheria de Nicosia, junto con los patriarcas y obispos católicos de Oriente Medio y con la participación de Crisóstomo II. Al terminar la Misa, entregó a los obispos presentes el Instrumentum Laboris, documento de trabajo de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos que se celebrará en Roma entre el 10 y el 24 de octubre de este año. Benedicto XVI hizo un llamamiento a “un esfuerzo internacional urgente y concertado para resolver las tensiones actuales en el Oriente Medio, especialmente en Tierra Santa, antes de que estos conflictos conduzcan a un mayor derramamiento de sangre”, y tuvo especialmente presente “la difícil situación de los cristianos en el Oriente Medio, que sufren por sus creencias”. El acto terminó con el rezo del Ángelus, durante el cual el Santo Padre pidió la intercesión de la Virgen por el pueblo de Chipre y por la Iglesia de todo Oriente Medio.

Antes de regresar a Roma, Benedicto XVI visitó la catedral de Nuestra Señora de las Gracias de Nicosia, donde se dirigió a la comunidad maronita, iglesia católica de rito oriental que se encuentra en plena comunión con la Santa Sede. A ellos les instó a atesorar la herencia de la fe que han recibido de sus padres, que es un “precioso regalo”. Tras esta visita, el Santo Padre partió de Nicosia en dirección al Aeropuerto Internacional de Larnaca, donde tuvo lugar la ceremonia de despedida.

En dicho acto, Benedicto XVI calificó su estancia en Chipre como “fecundo viaje apostólico” y “memorable éxito”, y pidió que se redoblasen los esfuerzos para construir la paz en el Mediterráneo oriental, señalando el importante papel de Chipre como promotor del diálogo y la cooperación. Reflexionó sobre la delicada situación de la isla, que desde 1974 se halla dividida en dos zonas, bajo control griego y truco respectivamente, separadas por una franja de tierra controlada por la ONU y que es conocida con el nombre de “línea verde”. El Papa ha tenido ocasión de vivir muy de cerca esta división, ya que durante su estancia en Chipre se ha alojado en la nunciatura apostólica, que se encuentra precisamente en esa área de separación, y ha quedado “profundamente impresionado”. Por ello, en su discurso de despedida alentó a los chipriotas a “trabajar con paciencia y constancia para construir un futuro mejor”, y les prometió que rezará por la paz de todo Chipre.

Finalmente, el Santo Padre insistió en que católicos y ortodoxos “hemos recibido un llamamiento divino a ser hermanos, a caminar uno al lado del otro en la fe, con humildad, ante Dios omnipotente, y con inseparables lazos de afecto mutuo”, y presentó el compromiso de la Iglesia católica para “alcanzar el objetivo de la perfecta unidad en la caridad”. Y expresó también su esperanza en que “cristianos y musulmanes se conviertan en levadura de paz y reconciliación entre los chipriotas, lo que se convertirá en ejemplo para los demás países”.
Actualizado ( Lunes, 07 de Junio de 2010 17:41 )  

Agrega tu comentario »




Publicidad

Banner

Banner