22-Febrero-2012
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Sorprendente Gallardón



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altComenté en mi anterior post, la coincidencia que había entre los cronistas liberal-conservadores dando una alta calificación al equipo económico del Gobierno, mientras que el equipo político despertaba grandes suspicacias, por decirlo de manera suave. Y particularmente Gallardón despertaba una suspicacia rayana en la hostilidad.


Han pasado varias semanas de la formación del Gobierno, y el equipo económico, tan bien acogido él, pues resulta que este magnífico equipo, lo único que ha demostrado saber hacer, es machacarnos a impuestos con una retorica repugnantemente socialista del tipo «que paguen más los que más tienen» y coartadas parecidas que solo intentan ocultar el expolio a las clases medias.

Otras tareas que el loado equipo económico debería haber afrontado con igual o mayor determinación, como la reforma laboral, la reforma del sistema financiero, la disminución del gasto público, están atascadas. La firmeza del Gobierno en este caso, se diluye ante los poderosos grupos de presión a los que inevitablemente hay que tocar las narices. Así que por el lado del equipo económico, hasta ahora solo hemos recibido disgustos y frustración.

Pero hete aquí que Gallardón se manifiesta, ¡y de qué manera! La verdad es que hay que echarle un par de congojos para proponer lo que ha propuesto. Y no me duelen prendas en, por una vez y sin que sirva de precedente, hablar bien de un miembro del Gobierno. Ni me acuerdo de cuando lo hice por última vez.

Gallardón pretende ni más ni menos, que la composición del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) vuelva a ser decidida por los jueces con criterios estrictamente profesionales, y que los partidos alejen sus manazas del asunto. Esto es la bomba.

La politización de la Justicia, sobre todo del Tribunal Constitucional (TC) desde los lejanos tiempos de la expropiación de Rumasa, ha sido la raíz de toda la corrupción económica, institucional y política.

La democracia no consiste solo en votar. En las dictaduras se vota mucho, pero la libertad se consigue con el voto, y con la división de poderes. Además del respeto al derecho a la vida y la propiedad. Elemental pero tiende a olvidarse.

Gallardón nos ha traído ¡por fin! una luz. Alguna golosina que llevarse al gaznate en esta España fané y descangallada que nos ha legado el Zapaterismo. De momento no es más que una declaración, pero el primer paso ha sido dado.

Y puestos a pedir… ¿para cuándo el cumplimiento de la sentencia del Tribunal Supremo sobre el uso del español como lengua vehicular en Cataluña?

Como decía el gran Hermano Lobo en los -70 «…el año que viene si Dios quiere». Después de ver a Gallardón encabezar una propuesta revolucionaria (creo que es el calificativo correcto), incluso es posible que Rajoy se decida a meter en cintura al nacionalismo periférico.

Yo he recuperado una parcela de mi antigua fe, ¿y ustedes?

Ya les vale, no me enrollo mas y les dejo a solas con sus cogitaciones.

¡Hasta pronto!


THERMIDOR
 
 

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