
Comienzan las huelgas de Metro de Madrid, y puede que, hasta de manera indefinida, lo que significaría un duro inicio de verano para todos aquellos trabajadores cuyo medio de transporte habitual fuera el metropolitano. Pero parece que nadie habla de los otros trabajadores, aquellos que están defendiendo un derecho fundamental del ordenamiento jurídico, la libertad sindical.
Lo grave no es sólo que hoy los madrileños cuenten con la mitad de los trenes en los que habitualmente se desplazan, lo verdaderamente grave es la vulneración del derecho a la negociación colectiva y de la fuerza vinculante de los convenios que podría producirse. Algunos afirman que los paros parciales buscan “alcanzar mejoras salariales por encima de las establecidas” en el convenio colectivo, otros; que la Ley de Presupuestos de la Comunidad debe, por su condición de empresa pública, limitar la masa salarial de Metro. Sin embargo, lo que está en juego es un pilar de nuestro sistema democrático, la base de un Estado que afirma respetar las relaciones laborales.
Trabajadores y empresa llegaron a un acuerdo todavía hoy vigente y sólo piden que se cumpla lo firmado. Algunos deberían preguntarse si quienes declaran la guerra al Estado de social y democrático de Derecho del artículo 1 de nuestra Carta Magna, son los mismos que lesionan el concepto básico de Justicia.
En esta huelga se protesta no sólo por la reducción del salario de un grupo determinado de trabajadores, sino también por la inmunidad que pretende ostentar una de las partes del convenio colectivo, firmado el 17 de junio de 2009. Sin duda sería necesario que Madrid, al igual que el resto del mapa de las autonomías destinara dinero a paliar los efectos de la crisis pero, ¿a costa de atacar a los funcionarios y trabajadores con un empleo estable? Mediáticamente suena hasta bien calificar a los trabajadores del suburbano de “privilegiados”, pero hemos de preguntarnos, ¿son privilegiados por disfrutar de un derecho constitucional?
Patricia Sanz López.
28.06.2010
Me alegra ver que no todo son reproches hacia el metro, también hay que entender los derechos por los que están luchando los trabajadores. Por supuesto que esta huelga perjudica al usuario, pero que el árbol no nos impida ver el bosque. La rebaja de sueldo e incumplimiento de las condiciones del convenio colectivo afectan a todas las personas que trabajan en pro de un transporte público efectivo.