
No resulta novedad constatar el asombroso y difícilmente superable grado de depravación gratuita que nos ofrece la serie
Física o Química a cargo de la cadena Antena 3. Al parecer, en la nueva temporada que se emite actualmente, la incorporación de Sergio Mur o Alex Batllori al cartel de actores ha levantado cierto revuelo hormonal entre las adeptas de la serie. Sin embargo, ha sido Olivia Molina la que ha provocado la mayor controversia en su papel de profesora de literatura que, según ella, ‘es una mujer libre, con ganas de darse el derecho de vivir el amor, la sexualidad, la amistad’. Lo más probable es que haya confundido radicalmente los tres términos, y por eso se haya lanzado a un nuevo trío dentro de la trama de la serie, junto con otros dos profesores del centro en el que imparte clases (a la sazón, uno de ellos, su compañero de piso).
El hecho cierto es que Olivia Molina no es conductora novel en esto de llevar una cama con 3 volantes; en 2009 protagonizó Dieta Mediterránea, dirigida por Joaquín Oristrell, coprotagonizada por Alfonso Bassave y Paco León, donde Sofía (Olivia Molina), ante la duda de tener que elegir entre la estabilidad de su marido o la emoción de su pareja esporádica, decide embarcarse en una relación a tres bandas. Alta cocina, sexo a la española y amor descafeinado son los tres elementos de unión en este triángulo mediterráneo que pasó por la gran pantalla sin excesiva pena ni gloria.
Está visto que, no contenta con el poco escándalo causado en 2009, Olivia Molina está decidida a pervertir con el ejemplo una vez más al joven e influenciable público de FoQ, llevándose a la cama a dos de sus compañeros de trabajo, poniendo en riesgo la amistad existente entre ellos, y todo por el mero placer de cumplir sus expectativas de ‘libertad en el sexo’. De nuevo la política nihilista del todo vale, vuelve a hacerse eco en la caja tonta. Fiel a sus dudosos principios, si por algo se caracteriza esta serie, es por recoger lo mejor de cada casa en el ámbito de la enseñanza pública, corregirlo y aumentarlo, y mostrarlo como la más común y normal de las realidades (confundiendo normalidad con frecuencia), e incitando de una manera más que consciente a conductas de este tipo, que se podrían enumerar por decenas.
‘Amor, sexo y amistad’; si no recuerdo mal, también son 3 las virtudes teologales…
Quizás Olivia Molina nos vuelva a sorprender, por aquello de que no hay 2 sin 3, y haga un remake de Castillos de cartón, probablemente sufragado por A3 (y menos mal que la llaman ‘la cadena triste’).
¿Será tendencia natural o encasillamiento en los mismos papeles? El hecho cierto es que, cada día más, el mensaje que se transmite desde la pantalla es el de la promiscuidad, pérdida de valores y, sobre todo de perspectiva. Y aquí estamos los sufridos espectadores para tragar y comulgar con ruedas de molino, porque, ¿para qué vamos a pronunciarnos en contra? Al final, todos adoctrinados y convencidos. Sabia reflexión, como siempre, Diego. Enhorabuena.