Las Cortes de Cádiz, origen de la soberanía nacional. España como nación política a partir de 1812.*
¿Se imaginaban los súbditos españoles a principios del siglo XIX que en medio de una dura guerra contra el ejército francés, podrían agruparse para representar la voluntad de su Nación en armas? Y dos siglos más tarde, ¿nos imaginan a nosotros alcanzando un consenso para reformar la Constitución?
Ellos, nuestros antepasados, no sólo lo imaginaron, sino que lo consiguieron.
¿La fecha? 19 de marzo de 1812
¿El logro? Que un grupo de hombres españoles representando a nuestra Nación, promulgaran en Cádiz la primera Constitución de nuestra Historia.
¿La gran contradicción? Un pueblo que luchando por el Rey, considerándole símbolo de su independencia y al que recibirá como el “Deseado”; le limitarán sus poderes y le harán jurar un texto constitucional que mucho tiene que ver con los postulados doctrinales de la propia Francia, contra la que se combate.
Qué tristeza que esos mismos españoles que habían luchado juntos para expulsar el ejército francés, comenzarán a enfrentarse entre sí, y no sólo por motivos dinásticos, las famosas guerras Carlistas, sino sobre todo, por disputas ideológicas que les llevaron a concebir su propia realidad de España, una y única; como entes radicalmente distintos y enfrentados.
Qué sorpresa y alegría que a las Cortes Constituyentes acudieran todos los españoles, entre los que existía una igualdad política y jurídica, sin distinciones ni privilegios estamentales o históricos.
Pero, ¿dónde radica la importancia de la Constitución de 1812? En la concepción de España, por primera vez en la Historia, como Nación política. Una Nación política que comienza con las Cortes de Cádiz sí; pero la Nación española, la Nación como hecho, que por mucho que algunos les duela; existía ya previamente desde hacía muchos siglos. Como diría el profesor Sánchez Agesta: “Pocas páginas han de ser revisadas con más cuidado que las de la Constitución de Cádiz si se quiere comprender adecuadamente la historia contemporánea de España”. Páginas de nuestras Cartas Magnas que no quieren ser entendidas desde una contextualización histórica por aquellos que seleccionan lo que les interesa, que conocedores o ignorantes de nuestro verdadero pasado, lo tejen a su gusto e intentan hacer de su capa un sayo, pero no sólo para ellos, sino para imponérnoslo al resto de españoles.
“El ignorante tiene valor, el sabio miedo”, diría el escritor Alberto Moravia. Y en España demasiado caso hacemos ya a los ignorantes. Así que, por favor, otorguemos la voz a los sabios, para que nos enuncien la verdad de nuestro pasado. Aquellos que prescinden de siglos y siglos de Historia, son los ignorantes que no llegan a comprender que nuestro pasado no está formado por los años que a ellos les interesan, sino por la totalidad de los siglos lo conforman.
Y hoy en día, ¿quiénes quieren acallar la importancia de la Nación política? Detrás de los debates actuales, existen ideologías que propugnan ideas distintas acerca de lo que es España, de Nación… Nociones jurídicas que en el Parlamento se dan por sabidas, pero que algunos se esmeran en cambiar su significado, agravando la crisis conceptual que sufrimos en nuestra sociedad. Otorgando nuevos significados a realidades ya existentes, a realidades políticas y jurídicas ya definidas.
Permítanme lanzar al aire una reflexión, una inquietud que a muchos españoles nos atormenta: ¿Qué buscan aquellos que bajo el amparo del texto legal conocido ya por todos, la “Ley de la Memoria histórica” confunden escudos históricos de los Reyes Católicos con símbolos franquistas? ¿Qué pretenden reinterpretando nuestra historia reciente? Estos actores que en su obra teatral de poca monta se esconden bajo eufemismos como “Estado”, o “País”, para evitar decir el nombre de “España” son los mismos que niegan que España es anterior a la Constitución de 1812, y que fue la Nación la que acuñó la ley, y no las leyes las que crearon a España.
¡Lo innovador que adquirió España con la Pepa fue su condición de nación política! Y aunque la Constitución gaditana no tuviera mucha suerte, pues rigió la España (la nuestra actual) y las Españas (nuestras colonias) en sólo tres periodos de corta duración, significó para nosotros un momento histórico transcendental: Esta Nación política inauguró la modernidad y puso punto final al “Antiguo Régimen”, fue a partir de entonces cuando la Nación española se comenzó a componer de ciudadanos, no de súbditos. Ciudadanos reflejados en la soberanía nacional asumida por las Cortes.
Y quizás, aquellos que año sí y año también, se abstienen de conmemorar la gran obra gaditana, no quieren comprender que España como Nación política nace con la Constitución de 1812, no con la boda de los Reyes Católicos.
Porque es que, además, aquellos que rechazaron la entrada del ejército francés por los Pirineos, fueron los mismos que unos años meses tarde, acudieron voluntariamente a las Cortes de Cádiz y defendieron una Constitución no federal, sino nacional. Porque en esta casi bicentenaria Pepa se proclaman por primera vez, principios políticos que no dejaron de alentar casi todas las demás Constituciones que nuestro país ha conocido entre 1837 y 1978, principios fundamentales como: la patria, la Nación y el Estado: Tres firmes columnas sobre las que también se asienta nuestra Carta Magna vigente.
“Nadie es patria, todos lo somos” diría Jorge Luis Borges. La patria, se sentía en 1812 huérfana de su Rey, se sentía invadida y casi vencida por un ejército extranjero, y defenderla era el sentimiento natural de todos y cada uno de los españoles. ¿Cuánto ha cambiado esto desde entonces, verdad?
El amor a la patria se recogía en el artículo 6 como “una de las principales obligaciones de los españoles” y todavía hoy percibimos este sentimiento cuando en nuestra Constitución vigente proclamamos que la Nación española es “patria común e indivisible de todos los españoles”.
¿Y qué ocurre en medio del arranque constitucional de la historia española? ¿Qué sucede cuando nos enfrentábamos a un ejército invasor? ¿Qué consigue el sentimiento patriota redactando la gran obra gaditana?
El pueblo se convierte en protagonista de su destino histórico y proclama el punto clave y éxito más rotundo de todo el proceso constituyente: LA SOBERANÍA NACIONAL. Una soberanía que en su artículo 3 se otorga claramente a la Nación, una nación que tendrá el derecho exclusivo de establecer sus leyes fundamentales: Y con la soberanía nacional, comenzarán los proyectos no dirigidos sólo al rey, sino al conjunto de los ciudadanos: políticas encauzadas hacia la educación, obras públicas, ejército nacional, fomento de las ciencias y las artes… Nuestra Nación política nada tendría que ver con la que conocemos hoy en día sin la Constitución de 1812, sería inexistente.
Por ello, no nos sintamos disconformes con nuestro pasado, porque sin él no sabríamos quiénes somos. Conozcamos nuestro pasado sí, pero seamos críticos con nuestro presente. Luchemos por mejorar nuestros derechos para lograr una sociedad mejor. Y aquellos que se apoyen en los errores históricos de su propia Nación, o peor, aquellos que sin argumentos inventen unos nuevos, dejemos que se vuelvan al régimen anterior a nuestro proceso constituyente.
Es cierto que el idealismo es directamente proporcional a la distancia que nos separa del problema, pero no podemos abandonar el frente, no ahora, que hemos logrado llegar hasta aquí. Posee tanto valor el acta fundacional de una Nación de ciudadanos. Es tan importante el amanecer de nuestro constitucionalismo que surgió de las Cortes de Cádiz.
Ensalcemos nuestra primera declaración de igualdad en derechos de la Historia española. Para no convertirnos en extranjeros de nuestro propio país, para defender nuestra autenticidad. Por España.
Patricia Sanz López.
*Segundo discurso fase final de la II Edición del Premio Nacional de Oratoria Gabriel Cisneros organizado por la Fundación DENAES, para la defensa de la Nación Española. 22/04/2010
Como apuntas Patricia, estamos perdiendo valores esenciales: el sentimiento de patriotismo que nada tiene que ver con otras pretensiones de las que se hablan hoy en día... pero sobre todo, se está perdiendo nuestra Historia. ¿Hasta cuándo dejaremos que nos adoctrinen? Gran artículo. Un fuerte saludo.