Supongo que hubo un tiempo en que ser “progre” era divertido, tonto también, pero repito, divertido. A uno sexualmente le liberaba y les desinhibía, al tiempo que le permitía ayudar al mundo con sus proclamas pacifistas y tirar sillas por las ventanas contra la gendarmería en el 68. Su lucha contra el capital les hacía revolucionarios, su intento de expandir la cultura a todas las capas sociales, generosos, y su creencia en que el mundo siempre iría a mejor con un condón en la mano por una ineluctable ley de naturaleza, creyentes, una vez que Dios había muerto.
Llegaron la Sinde y la Aido, la segunda con sus seres vivos, a lo Hitler, y la otra censurando todo lo que se menea, salvo el porno, con lo que lo de menear no está bien escogido, así que mejor diremos con todo aquello que culturalmente esté por debajo de la zafiedad de John Cobra, ese personaje que encarna un alto porcentaje de la juventud española y sus anhelos: un polvo con la Juani, dinero fácil y un afán de protagonismo desmesurado para lo que él ha ofrecido a la sociedad, que es mierda televisiva.
Pero como escribíamos, llegaron la Aído y la Sinde. La historia de la Aido ya es harto conocida y los argumentos están sobreexplotados, y para mí gusto, no van al núcleo de la cuestión, que es la siguiente: siempre hay personas en este mundo que sobran, y por tanto, se las aniquila. El pasaje del Génesis sobre Caín y Abel lo muestra bien, y si no se estuviera intentando deconstruir el corazón católico de los españoles en las escuelas, el tema de la interrupción voluntaria del embarazo sería de corta y simple explicación. Sin problemáticas circundantes, sin buenismos provida, sin tragedias sexuales…Todo es eso: tú me sobras, YO te mato. La elefantiasis del yo, del John, del Cobra.
Luego la Sinde, que con menor gravedad moral, vino a cabrear a otra gran parte de los españoles. El trío de feminas del Gobierno no paraba: una con abortar, otra con censurar, y otra con no fumar. En fin, Dios mío, no me extraña que no estén casadas, porque hasta la más liberada, siempre cae alguna vez en las redes del feudal matrimonio y en aquello de planchar la camisa del marido: ¡Todo sea por no escuchar los gritos del silencio y de una vida vacía! Pero ellas no, son las vírgenes vestales que junto con De la Vega velan por la llama del socialismo más arcaico que aún brota de los rescoldos de aquel gran mayo. Quizás sean neutras, pero no lo sabemos, y tampoco es plan de soltar rumores como el de la Escario. ¿Quién se lo inventaría?
En fin, gracias a las cuatro, a muchos españoles ya no les es necesario esconder su misoginia. A estas alturas de la historia, algunos afortunados podemos retroceder, parar el cambio y defender con argumentos racionales nuestra fobia al género femenino, salvo a Cleopatra, nuestras madres, y algunas otras cuantas excepciones, aunque no muchas. Sinde, tú mientras tanto abre más y más bibliotecas que, ahí, por supuesto, los derechos de autor no son vapuleados. Tú, Sinde, sigue cerrando páginas webs, pero por favor, que ya no se proclame que el socialismo vela por la expansión de la cultura en todo el orbe, puesto que es mentira. Sanidad, Seguridad, Educación…gratis. ¿Por qué cultura no? Carlomagno ha muerto. En fin, la culpa es de los negros que venden películas en la calle, así que a encarcelarlos todos en una gran política social porque ellos quitan el pan a los Almodóvar, Amenábar… . Esos no tienen Ley de Dependencia, ni papeles, así que a su puto país, ¿no? Hubo un día en que quizás ser progre era divertido, también tonto, pero divertido. Pero ahora que no es divertido, sino macabro, ¿por qué ser progre?
José Miguel García
la mayor machista del mundo es bibiana aido