Nadie pensaba que la manzana famosa del Edén fuera francesa, aunque hace ya unos años los agricultores españoles lo intuían. El descubrimiento no ha venido de historiadores ni arqueólogos, sino de once futbolistas del Olympique de Lyon, que han sido los causantes del destape de las vergüenzas madridistas, de los desproporcionados elogios al proyecto Florentino II por parte de periodistas de todo pelo y de la baja calidad de la liga española. Esperemos que el nacionalismo no expulse al Barcelona del Lost Paradise.
En fin, no hay mejor resonancia magnética que la que se realiza en la Champions League, y eso lo sabemos todos. Por ello, desgraciados los madridistas de fácil alegría que afrontaban ayer la eliminatoria con un optimismo desbordante pues jamás sospecharon que detrás de tanto millón se escondía una grave enfermedad, y si no recuerden a la Carrasco. Se entiende que la soberbia ensordezca los oídos de algunos, pero es imposible comprender que los bobos blancos, que es como comienzan a denominar a los cachorros de Florentino algunos con mala baba, no sospecharan ante los malos augurios que se cernían sobre el Bernabeú cuando Del Bosque pisaba el estadio y se reencontraba de nuevo con Pérez: ¿Quizás alguien pensaba que tan gran entrenador iba al Santiago a ver triunfar el proyecto de quien le retiró de su amado club?
Pero los funestos hados se manifestaban mucho antes. Ayer el jugadón de Robben en Florencia nos hacía presentir lo peor a los de sensible espíritu y que, desde luego, no nos identificamos con los señores de blanco, más intransigentes con opinión disidente que los dirigentes cubanos y Willy Toledo. El pasado se mostró de nuevo ayer a Florentino, a quien Higuaín, un residuo del esperpento calderoniano, no iba a conducir ni mucho menos a la gloria. Nadie muerde la mano que le da de comer, por ello el Pipita se volvió a mostrar un jugador carente de inspiración en los grandes eventos.
Pero el pasado no volvió a resucitar con Robben, Del Bosque y Calderón, sino que también se encarnó en el joven Arbeloa, poseído por el espíritu de Raúl Bravo. El problema, con todo, no es que lo pasado se torné presente, sino que lo haga por segunda vez. Titanic sólo hubo uno, ¿por qué aguantar de nuevo la leyenda de Pérez? Esto, pensábamos, era ya cosa de niños. No obstante, si sólo fuera lo de Pérez, la cosa se soportaría. Pero es que el mito de González, de nombre Raúl, también volvió a pisar césped de manera vergonzante, para desgracia del fútbol. Su rabieta en los instantes finales fue propio de cualquier diosecillo griego, apagado hace siglos por el monoteísmo Cristiano, que es único que se salva de la quema. Y es que España siempre ha sido país católico y martillo de herejes, con lo que las plegarias evangélicas de Kaká es difícil que fructifiquen. No obstante, la Inquisición pasó, ese no es su problema. El asunto es que tu fichaje tendría que haber sido antes, pero no ahora en la Expaña secularizada de Zapatero. Esta ya no es tierra de hombres de fe, con lo que se vaya escogiendo de nuevo otro destino, aunque por favor, que deje a su esposa evangelizar estas tierras.
Con la Iglesia también se topó el lateral derecho del Real Madrid. Nadie le dijo a Ramos que hoy no era domingo, y por tanto, que no estábamos en la liga española. Querido Sergio, puedes hacer de Roberto Carlos los fines de semana, pero no interweek. Te engaña todo aquel que te diga que puedes ser un buen carrilero. Eres personaje propio de Apocalypto, como bien decía Gistau hace unos días, pero ayer más lo eran los negros de físico contundente que tenías enfrente.
Por último, Maese Gutiérrez, siempre será El Último de la Fila, y no nos extrañe: “¿Dónde estabas…ayer?” Ya, congraciado con Pellegrini, a quien ayer ya le decían algunos buenas noches y buena suerte, haciéndole ver que ya se convirtió desde ayer pasado olvidado del madridismo, como los Queiroz o los Luxemburgo. Granero, huye de ese lugar que no sabe donde colocarte, pues eres el único jugador del Real Madrid que en la última década ha sabido poner córners peligrosos. No dejes que te “Lasseen”, que a ti no te hace falta. Por ahora, todo el mundo alaba sus cualidades, pero dentro de poco la gente se dará cuenta que no es ni puede ser jefe de tan gran barco. Él es un buen segundón, pero la competencia de Gago y su tocayo africano no le hacen mejor de lo que es, pues roba balones lo mismo que descoloca al equipo.
José Miguel García
desde luego lo del madrid es de verguenza